Guillermo Latorre

CEO de Cuéntica, amigo de Django, sketchnoter y vegan.

No hacer nada es hacer mucho: respetar al perro como perro.

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Una de las primeras veces que tuve oportunidad de hablar con Aarón (Factor Amigo), al preguntarle sobre ciertos comportamientos de Django cuando aún tenía unos 3 meses, una de sus respuestas fue: "a veces con los perros, no hacer nada es hacer mucho".

Me dejó flasheado.

Me ha costado semanas llegar a comprender exactamente qué es lo que quería decir aquel día. La clave de la buena educación de un perro es aprender a respetarlo como tal.

Debemos respetar al perro como lo que es: un perro.

La única manera de conseguir una relación estable, fiable y de total confianza entre perro y amo es que ambos se entiendan y se respeten como lo que son. El perro estará sano mentalmente, se sentirá confiado y feliz de compartir la vida contigo.

Cometemos el error de humanizar constantemente los comportamientos de nuestros perros, tanto positivos como negativos. Solemos decir frases como "no te comas esos papeles del suelo", "no olisquees ese vómito, no seas guarro" o "el cabrón espera a que me vaya de casa para destrozar el sofá". También hacemos cosas como levantarlos del suelo y cascarles un cacho de beso en los morros o empezar a acariciarlo efusivamente para tranquilizarlo cuando tiene miedo. En general, solemos intentar atribuirle al animal sentimientos o razonamientos humanos: rencor, venganza, amor…

Llenar la cabeza de un perro de "cosas" humanas no hace más que debilitarle como perro, eliminar sus instintos naturales que tanto necesita para sobrevivir, crecer y ser feliz.

Levantar a un perro del suelo para darle un beso, probablemente le causará una situación de estrés e inseguridad, además de no comprender el propio significado del gesto del beso. Acariciarlo mientras está en un estado de ansiedad importante, porque tiene miedo de unos petardos, le puede hacer flipar por no comprender nada de la situación. Puede que incluso estés incentivando todavía más su estrés y nerviosismo.

¿Permitirías a tu perro olisquear o incluso darle unos lametazos a un vómito que encuentra en el suelo? Muchas de las cosas que para nosotros son asquerosas, para el perro son un auténtico manjar o un festival de olores que hace que su mente se despierte enérgicamente.

Esto no quiere decir que no podamos expresar nuestras emociones a nuestros perros, o que debamos ser estatuas inertes cuando tratemos con ellos. Por supuesto que los perros tienen sentimientos y que tenemos que empatizar con ellos, crear un vínculo dueño-perro, pero entendiendo bien qué es cada uno de los dos. Podemos mostrarle todo nuestro cariño, nuestro estado de ánimo, nuestra reacción ante sus comportamientos… pero siempre sin perder la noción de que no es una persona.

Vale, lo entiendo. ¿Y qué hago?

Nosotros somos los realmente inteligentes, los que podemos aprender cuáles son las conductas de los perros, sus instintos fundamentales y cuál es su capacidad de aprendizaje. Tenemos la enorme habilidad de poder razonar y generalizar ante cualquier situación, adaptarnos a él y a su educación para comunicarle todo lo que queramos.

Por tanto, lo que yo estoy intentando hacer es aprender sobre Django. Informarme bien, hablar con otras personas para poner cosas en común, hablar con profesionales de la materia… y, lo más importante, observar a mi perro.

Los instintos primarios del perro no deben eliminarse, pero si conseguimos averiguar cuáles son y qué comportamientos derivan, podremos reconducirlos hacia otros en caso de ser necesario.

En cada momento, intento diferenciar mis impresiones humanas y las que creo que tiene él como perro, para decidir qué hacer.

Y te diré que la mayor parte de las veces, la decisión es no hacer nada. Dejarlo disfrutar o realizar lo que necesita en ese momento. Tal y como me dijo Aarón.

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