A veces me domina esa fuerza por "hacer cosas". Y eso que he cambiado mucho. Ahora reconozco cuando ocurre, que es un gran paso. Noto cuando llega ese malestar y entonces, algunas veces, soy capaz de elegir deliberadamente hacer cosas no "útiles" frente a otras más "productivas". Pero el monstruito de la productividad sigue ahí agazapado esperando una nueva oportunidad para aparecer de un salto, para juzgarme y exigirme "utilidad" en cualquier momento.
Por eso me he sentido muy identificado con este artículo de Amaya Ascunce en su Leer por leer. Casi ha sido como darnos un abrazo.

Añade Amaya en el mismo post:
Priorizar actividades que resulten solo en descanso, relajación o alegría. Esta podría ser la revolución.
Y yo me uno a la revolución. ✊
