Me ha gustado el libro. La historia, la evolución de la protagonista, la forma en que escribe Lucía Solla y en cómo aporta un necesario rayito de luz a tantas sombras cotidianas, que son demasiado sombras y demasiado cotidianas. No conozco nada de la autora, pero desde luego lo que me ha llegado es una historia escrita con el corazón y con la piel.

Me acordé de aquella habitación del hospital, del gel hidroalcohólico clavado a la pared, de la televisión de pago, de la silla rota para el acompañante, de mi padre intentando quitarse las vías, llorando, preguntando por mi madre, de mis hermanos vacíos de tanto dolor y de un miedo que fue más grande que el miedo a la muerte. El miedo al dolor de los demás.

Yo siempre quise urgente, buscaba amores que se atragantasen de ganas, que hirviesen, que no diesen tiempo a nada más que a querer.